TODOS TENEMOS UN MARDOQUÉO I por: Tomás Drost Emparedado entre el Libro de Nehemías y la gran obra épica de Job, encontramos un pequeño Libro en la Biblia con una historia conmovedora y a la vez curiosa. Es un libro que contiene ciertas contradicciones pero, a la vez, grandes verdades y, grandes lecciones. Para empezar hay quienes consideran que ni debe estar incluido en el Canon bíblico puesto que no menciona a Dios en todo el libro – ¡ni se halla la palabra! Por esa razón, consideran que realmente no es de valor religioso, sino solo puramente social, de historia, ó puramente motivacional. Pero, allí es donde empiezan las lecciones. Dios usa una historia como ésta para comunicar varias verdades trascendentes. Viaje conmigo a ese momento de la historia y veamos varias cosas que podemos aprender de esa simple historia. CÓMO NO SER LÍDER La historia de Amán es una verdadera “Divina Comedia.” En la historia de Ester podemos ver que Dios sí tiene un sentido del humor - ¡hay que tomar cuidado de que no termines como Amán! Este es un ejemplo de cómo NO SER líder. La historia toma su transfundo en el tiempo del imperio medo-persa – un momento en la historia secular cuando imperios llegaban a abarcar todo el mundo conocido. El rey de turno era el Rey Asuero – no uno de los conquistadores, sino uno de los que habían heredado el reino. Su Primer Ministro era un tal Amán, que reúne en sí todas las cualidades negativas de un gobernante enamorado de sí mismo y ebrio con su propia grandeza. Es el ejemplo clásico de cómo NO SER líder y las consecuencias de esas actitudes y acciones. Amán era: Arrogante. Un líder arrogante SIEMPRE va cometer errores. La Biblia dice que, “Antes del quebrantamiento es la soberbia; Y antes de la caída la altivez de espíritu.” – Proverbios 16:18. O sea que, da por hecho que habrá quebrantamiento, habrá caída, cuando hay soberbia y altivez de espíritu. Un líder debe ser humilde. Primero, al reconocer el privilegio de SER líder; y, en segundo lugar, al tratar con la gente. Además, la Biblia claramente dice que la altivez ES PECADO: “Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y el brillo de los impíos, son pecado.” – Proverbios 21:4. Sin embargo, siendo que la humildad es principalmente algo del corazón, no le corresponde a otros juzgar. Solo Dios sabe si hay humildad en el corazón de un líder ó no. Menospreciaba a todos los que él consideraba menos que él – no sólo en un sentido de posición, sino aún de raza. Amán lo menospreció a Mardoqueo porque no lo veía “a su altura” – a su nivel de rango ó importancia. Hay quienes, al ser promovidos, elegidos ó nombrados a cierto cargo ó responsabilidad, ya se empiezan a sentir superiores a los demás – ven a sus subalternos como “de segunda clase.” Eso es algo odioso a Dios. Incluso, Amán también demostró su menosprecio hacia Mardoqueo por ser judío. O sea que, eran muestras de racismo. ¡Esa es otra actitud que Dios ve con muy malos ojos! Incluso, la Biblia dice que, para Dios ya “no hay judío o griego.” No debemos menospreciar o ver de menos a nadie. Otra cualidad negativa que tenía Amán es de que, era MUY político, pensando que todo se podía lograr por medio de estrategias y maquinaciones – obviamente había llegado al poder de esa forma y pensaba que así podía lograrlo todo. La Biblia dice que, “La promoción pertenece a Jehová; el quita y pone” Hay que tomar cuidado de estar usando métodos del mundo y satánicos para lograr cosas en el Reino de Dios – tarde ó temprano se va dar contra la pared. Dios no puede honrar esas cosas. Amán nunca quiso reconocer los logros y honores de otros. Mardoqueo había salvado al Rey y eso a Amán no le importaba – lo traía sin cuidado. Incluso, estaba completamente ciego a los honores más elementales que se le debían dar a otros, y en especial, a los que habían hecho algo que lo ameritaban. No toleraba diferencias. Obviamente Amán era de aquellos que no permiten opiniones de otros, que creen que ellos son los únicos que deben ser tomados en cuenta y que son los únicos que tienen ideas que puedan aportar. O sea que, para él “no era humo si no salía de su propia chimenea.” Es muy evidente que él sentía que la única forma de tratar alguna resistencia era destruyéndola, aplastándola. Y, en ese caso, no solo acabando con Mardoqueo, sino con todos los que estuvieran asociados con Mardoqueo. Para él, todo el mundo era culpable por asociaciones. Todos estaban a favor ó en contra de él – los veía como amigos ó como enemigos. Su mundo sencillamente era “blanco y negro.” Estaba dispuesto “usar un cañón para matar una mosca” – o sea que, exageraba las amenazas supuestas de otros. Era todo ó nada. Usó “la ley” para golpear a su oponente. Que interesante cómo podemos ver el mal uso, y aún abuso, de la ley. Amán convenció al Rey para que aprobara una “ley” por medio de la cuál aniquilaría a su enemigo. O sea que, en vez de usar la ley para un bien, la usó para un mal. Hay veces que eso todavía se ve en líderes de cuando en cuando. Se aprovechan de que están en una posición de liderazgo ó de influencia para que aprueba alguna ley, alguna regla, alguna norma, y así usar eso para imponer su voluntad (que realmente, se demuestra ser egoísta) ó de golpear a alguien. Incluso, por haberlo hecho ley, se creen justificados en el daño que le hacen a otro u otros. Incluso, hay que reconocer que, al lograrlo apantallan muy bien y logran convencer a otros. La Biblia dice: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo” – Isaías 5:20 Note lo que dice Salmos 94:20-23 mostrando cómo la Ley puede ser torcida en contra del justo: “¿Se juntarán contigo el trono de iniquidades que hace agravio bajo forma de ley? Se juntan contra la vida del justo, y condenan la sangre inocente. Más Jehová me ha sido por refugio, y mi Dios por roca de mi confianza. Y él hará volver sobre ellos su iniquidad, y los destruirá en su propia maldad; los destruirá Jehová nuestro Dios.” Amán solo se rodeaba de gente que lo halagaba - que solo le iban a decir lo que creían que él quería oír. Por ejemplo, buscaba simpatía en su familia. Personas así van a aprobar todo lo que dice porque de él se estaban beneficiando. Se dice que, al final de la 2ª Guerra mundial Hitler casi no sabía lo que estaba ocurriendo en el frente de batalla, porque nadie le quería informar de algo negativo – porque en cierta ocasión le había quitado el rango a un general por haberle informado sobre una derrota. Después de eso, nadie le quiso dar malas noticias. Eventualmente quedó sumido en un mundo imaginario donde supuestamente Alemania estaba ganando la guerra. ¡Qué error – por no querer oír lo que no le agradaba! Era impulsivo, actuando con premura - mandó hacer la horca antes de tener el triunfo. Era de aquellos que “cuentan los pollitos antes que salgan de los huevos.” Hay que ser pacientes y realistas. Para el que va a ser un líder como Amán, no importándole las consecuencias, ni cómo daña y ofende a otros, hay una “horca” que lo espera – y ¡frecuentemente, es una de su propia creación! Pobre Amán, terminó acostándose en “la cama” que él le había preparado a otro. Todos tenemos un “Mardoqueo” que pondrá a prueba estas cualidades que hemos mencionado.
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