LOS EBIONITAS por: Tomás Drost
Jesús y Pablo son las dos grandes figures al principio del cristianismo. Jesús es el fundador del cristianismo, siendo que los eventos de Su vida son la historia fundamental del cristianismo. Pero, el apóstol Pablo es el Gran Intérprete de la misión de Jesús quién explicó que, la vida y muerte de Jesús encajaban en un Plan Maestro de Dios para la salvación – que va desde la creación de Adán hasta el fin de los tiempos. En los albores de la historia cristiana aparecen tres grandes corrientes de pensamiento: la de Pablo, la de los gnósticos y la de los ebionitas. Éstas tres grandes corrientes, a veces influenciadas por otras más pequeñas, pugnaron por establecerse como la corriente dominante o mayor aceptada de lo que hoy conocemos como “Cristianismo.” Observemos algunos puntos sobre esto y cómo algunos aspectos se fueron desarrollando. En el proceso, no solo podremos descubrir algo informativo sino también valorar lo que creemos nosotros hoy. Los nazarenos. Los primeros seguidores de Jesús, bajo el liderazgo de Pedro y Jacobo, establecieron la Iglesia en Jerusalén, después de la muerte y resurrección de Jesucristo. Al principio se les llamaba “nazarenos” – Hechos 24:5. En sus creencias, ellos no se diferenciaban en mucho de los fariseos, con la excepción que creían en la resurrección de Jesús, que era el Mesías prometido, y que pronto estaría regresando para completar su misión de derrocar a los romanos y establecer el Reino Mesiánico. Los nazarenos todavía sentían que había que cumplir con la Ley, asistían fielmente al Templo (Hechos 3:1) poniendo en práctica todas las ordenanzas y leyes del Antiguo Testamento. Para ellos, Jesús no había abrogado la Ley. Los nazarenos no se veían como parte de una “nueva” religión sino que, todavía se veían como parte de la religión judía. Aún, en desobediencia evidente de lo que Jesús les había mandado en la Gran Comisión, ellos no se dedicaron a proclamar o llevar el Evangelio a todo el mundo sino que se quedaron en Jerusalén en “comunidad.” Ya eso demuestra un error en ese grupo porque, los primeros “misioneros” no fueron enviados de Jerusalén, sino de Antioquía. Los nazarenos empezaron a tener diferencias con el apóstol Pablo cuando se dieron cuenta que él predicaba que Jesús sí era el fundador de una nueva religión y que había abrogado la Ley. Después de intentar de llegar a un acuerdo con Pablo (Gálatas 2) los nazarenos (o sea, la Iglesia de Jerusalén bajo el liderazgo de Jacobo y Pedro) rompieron con Pablo y lo desconocieron. Esos nazarenos se fueron endureciendo más y más en sus posturas doctrinales hasta que llegaron a ser los que eventualmente son identificados en la historia como los ebionitas. Los Ebionitas fueron una secta cristiana del primer siglo que tuvieron como líder a Santiago – el hermano en carne de Jesús – a quién llamaban “Jacobo El Justo.” Eventualmente dominaron la Iglesia Cristiana en Jerusalén. Éste Jacobo no es el apóstol que hallamos en la lista de los doce apóstoles originales en los evangelios y que era hermano en carne de Juan, puesto que él fue decapitado por ordenes del Rey Herodes (Hechos 12:1,2). Ni tampoco era el otro Jacobo, hijo de Alfeo, sino que se trata de un hermano en carne de Jesús y el autor de la Epístola de Santiago – que tenemos en el Nuevo Testamento. Jacobo era un hermano de Jesús (Mateo 13:55; Marcos 6:3) que NO lo aceptó como el Mesías mientras éste estaba vivo (Juan 7:3-5). Jesús se le apareció personalmente cuando resucitó (I Coríntios 15:7) y, según la tradición, Jesús le dijo que lo perdonaba. Él estuvo en el Aposento Alto (Hechos 1:14) y empezó a desarrollarse entre los primeros discípulos. Sorpresivamente Jacobo llegó a ser el líder de la Iglesia en Jerusalén en un corto plazo de tiempo. Jacobo presidió el primer Concilio de la Iglesia en Jerusalén. (Hechos 15:13-21) Jacobo recibió la visita de Pablo (Gálatas 1:19; 2:9) y, años más tarde, oye el informe de Pablo (Hechos 21:18). Es curioso notar que, cuando Pedro fue a Antioquia era la opinión de Jacobo a la que más temor le tenía el mismo Pedro. (Gálatas 2:11,12) Los ebionitas y sus creencias. Jacobo El Justo, el líder reconocido de la Iglesia en Jerusalén, se adhería a una interpretación muy estricta del cristianismo. “Ebionitas” quiere decir, los pobres. Es una palabra derivada del árabe. Habían llegado a ser “pobres” por la práctica exagerada de vender todo lo que tenían para compartirlo entre todos – Hechos 4:32-37. Esa práctica eventualmente los afectó y los empobreció a todos, aunque lo consideraban una virtud. Los ebionitas no creían que Jesús era Divino, sino que Dios valoró su justicia y permitió que su sacrificio redimiera los pecados de la humanidad. Enseñaban que Jesús se distinguió por haber cumplido toda la ley judaica con sus cientos de mandamientos y que Dios reconoció esa santidad extraordinaria al adoptarlo como Su hijo y asignándole una misión especial: de ser sacrificado por el pecado de la humanidad. Los ebionitas continuaban guardando la Ley y se consideraban judíos. Eran estrictos en sus comidas, participaban de baños ritualistas, la circuncisión, y siempre oraban con su rostro hacia Jerusalén. Su interpretación del cristianismo les permitía seguir las enseñanzas de Jesús sin romper con su identidad judía ó natal. Era el cristianismo saliendo de su cascarón judío. Es obvio que varios de esos pensamientos van en contra de las Escrituras, en especial el Evangelio de Juan que celebra la divinidad de Jesús desde “antes de la fundación del mundo.” Sin embargo, los ebionitas tampoco aceptaron los escritos de Juan – solo aceptaban el Antiguo Testamento y los escritos del apóstol Mateo, que enfatiza el aspecto judío de Jesús. Para ellos, siendo que Jesús era un judío insistían en que había que ser judío para ser Su seguidor. Lo veían como “un Mesías judío enviado por un Dios judío al pueblo judío en cumplimiento de las Escrituras judías.” Podemos ver en los ebionitas un grupo de personas luchando por retener el judaísmo dentro del cristianismo pero que eventualmente causaría su separación del grueso del cristianismo hasta ser considerados y declarados como “herejes” por la mayoría de los cristianos. Los ebionitas eran el equivalente cristiano de otro grupo estricto judío que existía en la época y eran los esenios. Los ebionitas y Pablo. El apóstol Pablo nunca lo conoció a Jesús en persona, solo a través de sueños y visiones. Pablo predicaba y promovía por todo el mundo su nueva visión, su interpretación de todo lo relacionado a Jesús. Su influencia sobre el cristianismo es innegable. Escribió 14 de los 27 libros del Nuevo Testamento. Los ebionitas lo veían a Jesús como un profeta que hacía milagros, pero al Apóstol Pablo lo veían como un apóstata, refiriéndose a él como un “enemigo,” por el hecho que proclamaba que, creer en Jesús hacía que toda la Ley se hiciera irrelevante para la salvación. Los ebionitas rechazaban la doctrina de Pablo, de que Jesús había abrogado ó abolido la Ley judía. La opinión que tenían los ebionitas de Pablo es de interés extraordinario. Ellos diseminaban desinformación acerca de él presentando relatos muy diferentes acerca de su vida. Por ejemplo, los ebionitas decían que Pablo no tenía entrenamiento como fariseo. Que era hijo de gentiles que se habían convertido al judaísmo en Tarso. Que llegó a Jerusalén cuando ya era un adulto y se incorporó al séquito del Sumo Sacerdote como uno de sus hombres de violencia. Sintiéndose defraudado de que no podría ser promocionado, se apartó del Sumo Sacerdote y procuró la fama estableciendo una nueva religión. O sea que, para los ebionitas, el apóstol Pablo era su peor enemigo. Fue de entre los ebionitas que salieron los “judaizantes,” quienes creían que primero tenía que hacerse judío ó un convertido prosélito a la religión judía, antes de llegar a ser cristiano. Cuando Jerusalén fue destruida en el año 70 d.de c., por el General Tito, que luego llegó a ser el Emperador Romano, los judíos que sobrevivieron esa gran masacre y estaban en Jerusalén tuvieron que salir huyendo. Los ebionitas también se regaron por todo el mundo conocido de aquel entonces. Ellos son los judaizantes que menciona Pablo y contra quienes escribió una gran parte del libro de Gálatas. Los ebionitas rechazaban y atacaban a Pablo. El apóstol Pablo fue considerado como un hereje, como un “liberal” por sus correligionarios. Esa confrontación la podemos ver en Gálatas 2, cuando llegó a Jerusalén la primera vez después de su primer viaje misionero - ¡no fue bien recibido! Lo que tenemos allí es, el pragmático encontrándose con los dogmáticos. Incluso, el erudito alemán Lúdemann en su libro “ Oposición a Pablo en el Cristianismo Judío” menciona que, la ofrenda para los pobres que el apóstol Pablo estaba llevando a los “santos” que estaban en Jerusalén (Romanos 15:25-29) fue rechazada por los líderes cristianos en Jerusalén. Esto demuestra que la disputa entre Pablo y la Iglesia en Jerusalén era mucho más encontrada que lo que se ha supuesto comúnmente y que degeneró a una total oposición sectaria. También, John Shelby Spong (inglés), en su libro “Liberando los Evangelios: Leyendo la Biblia con ojos judíos” dice que los judíos cristianos en Jerusalén lo detestaban a Pablo y lo consideraban un apóstata de la Ley y del judaismo. Cuando Pablo llegó a Jerusalén, después de varios viajes misioneros, los judíos lo atacaron y lo intentaron matar. A pesar de que había miles de cristianos en Jerusalén, nadie levantó ni un dedo para ayudarlo – lo abandonaron y, aparentemente, estaban de acuerdo de que fuera arrestado. Su odio hacia Pablo era tan grande que consintieron con que le hicieran daño, aún que lo mataran. Lo único que lo salvó a Pablo de una eventual muerte por sus enemigos, fue el hecho que apeló al César, apoyándose en su ciudadanía romana – una ciudadanía que los judíos odiaban en esa época. Cuando nos damos cuenta de todo eso llega a ser evidente que el cristianismo sufrió muchos ataques. Es muy interesante estudiar sobre los ebionitas porque ellos eran los “conservadores” de su día o los “Fariseos cristianos.” También nos indica que, el cristianismo tal y como se conoce hoy, realmente desciende de una corriente “liberal” en el primer Siglo – la interpretación paulina.
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